Todos los alimentos que se venden, sobre todo los empaquetados, llevan algún tipo de ingrediente para mejorar su sabor o hacer que éste se conserve durante más tiempo. Es por ello que la mayoría de las veces se pide un control de estos para evitar que, lo que en un principio era una bebida o comida inofensiva, se convierta en un final trágico, como es el caso que se presentará hoy. Esta vez se trata de una cerveza que le ha causado al consumidor un envenamiento por una sustancia tóxica en esta, y por consecuencia, su muerte.
Así pues, gracias a las declaraciones de los miembros de esta fábrica, Damm tuvo que indemnizar al otro afectado (según el artículo 49 del Real Decreto 1/2007 sobre la defensa de los consumidores y usuarios y otras leyes complementarias) con más de 250.000€ junto con intereses y costas judiciales.
Esto da qué pensar y una vez más volver a plantearnos si estamos seguros. Deben de ser conscientes del daño que pueden causar tanto a la ciudadanía como a ellos mismos, haciendo que dejemos de confiar en ellos y así, bajando sus ventas de forma brusca. Los sistemas y programas de seguridad están para algo: cumplirlas. Si no se ejerce esta responsabilidad puede ocurrir desde algo poco dañino hasta la muerte de un ciudadano. ¿Cuándo llegará el día en el que ingiramos sin tener miedo a las consecuencias que tiene eso?
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